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viernes, 15 de noviembre de 2013

La “Dama de Hierro” y sus oxidados logros (15-4-2013)



Podría hacer un juego de palabras con el famoso apodo que tuvo Margaret Thatcher, “la Dama de Hierro”, o con la acertada definición que de ella hizo François Mitterrand, que “Tenía los ojos de Calígula y la boca de Marilyn Monroe”. Pero prefiero decir que los logros de la “Dama de Hierro” están oxidados hoy en día, teniendo en cuenta que ha perjudicado a las clases bajas hasta extremos alucinantes, y ha ayudado a enriquecerse a las clases altas como nunca. Ella y su colega Ronald Reagan, aunque él merecería capítulo aparte.

El único mérito que tuvo ella fue acabar con las dictaduras de Europa del Este, que por sí solas acabaron muriendo, ya estaban obsoletas, pero los ataques a las clases bajas en Gran Bretaña, consiguiendo incluso poner a los propios ciudadanos en contra de ellas mismas, aun se padecen, aunque hace 23 años que ella dejó de ser Primera Ministra. La curiosa película sobre ella, de la cual salvo la gran interpretación de Meryl Streep, nos mostraba una visión sin tomar partido, como la de Richard Nixon que nos dio Oliver Stone (ésta última infinitamente mejor).

Cuando la guerra de las Malvinas, yo iba con Argentina, como toda España, pero ella supo mostrar a Europa que Argentina era una dictadura fascista, que lo era, y por lo tanto, aquello era una especie de “guerra de liberación”. Lo curioso es que no veía igual a la dictadura de Chile, a cuyo dictador, detenido en Londres por Baltasar Garzón, sólo le faltó exigir para él como desagravio el Premio Nobel de la Paz.

Margaret Thatcher fue para muchos de sus compatriotas, y hablo de los de clase baja, claro, lo mismo que es Vladimir Putin para los rusos que padecen su Régimen tiránico, aunque por suerte Thatcher no necesita contratar asesinos a sueldo para matar a disidentes ni envenenarlos con polonio radiactivo. El Presidente ruso comparte con su colega desaparecida el mismo tipo de demagogia, la misma habilidad para que la gente que creía en sus palabras linchara, aunque fuera virtualmente, a los que ella odiaba.

Y los que más le apoyaban era la Aristocracia, aquella clase social que desde hace más de un siglo no consigue apenas adaptarse a los nuevos tiempos, cuando dejó de ser la que llevaba el poder en todo Occidente. La Revolución francesa marcó el principio del fin del dominio aristocrático, y durante el siglo XIX pasó a ser la burguesía la que domina ahora, que no es agradable tampoco, pero mejor que sea ésta que la Aristocracia. Volvamos con Thatcher: su obstinación en volver a un mundo ya caduco le sirvió durante un decenio, pero el principio del fin de su carrera política lo provocó aquella tasa llamada “Poll Tax”, que provocó incluso la rebelión de su propio partido político y hubo de dimitir.

Aunque ya no estaba en la Política, y antes de sufrir el Alzheimer que tenía, de vez en cuando gustaba de montar polémicas muy suyas, como insultar a las mujeres españolas diciendo que tienen bigote (será por que alguna se ligó a algún inglés que a ella le gustaba) o decir que Pinochet ayudó a traer la democracia a Chile, cuando el tirano esperaba ganar un referéndum que creía que legitimaría su Régimen criminal. Thatcher ha hecho que para ser alguien en Gran Bretaña, o haces como el protagonista de “Match Point” de Woody Allen, es decir, o te casas con una hija de familia rica fingiendo estar enamorada de ella para salir de la miseria, o no hay nada que hacer.

Winston Churchill tuvo más tacto que ella, era de su mismo partido, pero supo hacer mejor bien a sus conciudadanos. Ya nos hubiera gustado ver a Thatcher en una guerra en el mismo Londres, como su antecesor. Seguro que no habría sido para nada lo mismo.



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