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sábado, 8 de noviembre de 2014

25 AÑOS SIN EL MURO DE BERLÍN, NO SERVÍA NI DE DECORADO DE LA FAMILIA MONSTER






En Agosto de 1961 se construyó un muro que dividía la ciudad de Berlín en dos sectores pertenecientes a dos países distintos, aunque en el fondo eran el mismo país, pero con dos Regímenes políticos muy diferentes.
Desde 1949, Alemania estaba dividida en la RFA (República Federal de Alemania) y la RDA (República Democrática de Alemania). Una capitalista y la otra comunista. Berlín estaba dividida en dos ciudades diferentes, Berlín Oeste y Berlín Este, aunque se podía acceder de la una a la otra por la Puerta de Brandenburgo.
Como muchos habitantes de la RDA y de otros países del Pacto de Varsovia se fugaban a Berlín Occidental para fugarse a Occidente, la mayoría de ellos jóvenes muy preparados y formados, el Gobierno de la RDA decidió construir, con la misma velocidad de la de un concursante de Top Chef preparando un plato, un muro que impedía que se fugaran más, al menos con la misma facilidad de antes.
Mucho se ha escrito sobre lo que representaba el Muro, según el bando político. Los partidarios de la RDA lo definían como “Una barrera contra el imperialismo”. La mayoría de la gente no opinaba así, les parecía una aberración. Pero sólo podía opinarse así en Occidente, por supuesto. Hoy en día, cualquiera lo vería como el que ha montado Israel en Palestina, denominado, igual que el de Berlín, “El Muro de la Vergüenza”.
El Régimen de la RDA, con la inestimable colaboración de su terrible policía política, la Stasi, que vimos tan bien retratada en películas de ficción como “La vida de los otros”, con legiones de espías infiltrados en prácticamente todas las formas de vida social del país, y con micrófonos ocultos en las casas de miles de personas, las cuales, si eran delatadas, acababan en la cárcel o en el más profundo ostracismo, incluso sin posibilidad de encontrar trabajo, y sólo tenían dos posibilidades: huir a Occidente o quitarse la vida. Por ello, mucha gente intentaba pasar el Muro, pero entre 86 y 238 personas murieron al intentarlo, al ser abatidas por la Demokratik Polizei (irónico nombre).
Miles de historias, de artículos, de libros, se han escrito sobre el Muro de Berlín. Sólo algunos nostálgicos desearían reconstruirlo, pero ello no encontraría casi apoyo, más allá de un puñado de gente anacrónica nostálgica de supuestas glorias pasadas.
No diré que el Régimen capitalista que luego se instauró en la RDA al reunificarse Alemania en 1990 sea mejor que el Régimen que había antes, en muchas cosas ha sido contraproducente, incluso la Alemania actual que hace sufrir a los países más débiles económicamente de la Unión Europea, pero tiene la ventaja de que si no te gusta algo, lo puedes decir, incluso hablar mal del capitalismo, como hacemos casi todos, o bien de él, algo que no existía en la RDA, que era, como decía el chiste: “En EEUU, si no me gusta Ronald Reagan, voy a verle y le digo todo lo que me da la gana de Ronald Reagan. En Cuba, si no me gusta Fidel Castro, voy a verle y le digo todo lo que me da la gana… de Ronald Reagan”.
Hoy en día, después de tantos años y viendo aquello con la distancia lógica, ves las fotos del Berlín de entonces con el Muro y ahora sin él, piensas lo que se piensa con sentido común: está mejor la ciudad sin él. Cuando empezó a caer por fin en Noviembre de 1989, el valor simbólico del mismo quedó reducido a un vulgar “souvenir” para turistas, como los sombreros mexicanos que venden algunas tiendas de “souvenirs” de las Rambles barcelonesas. Muchos artistas estuvieron varios años yendo a donde estaba el Muro, o lo que quedaba de él, para llevarse una piedra. Aún se recuerda el reencuentro entre el cineasta Pedro Almodóvar y la actriz Carmen Maura, que dejaron de hablarse después del tempestuoso rodaje de “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, y él quería reconciliarse con ella regalándole un pedazo del Muro. Yo no preferiría un regalo así, me gustaría otro “souvenir” cultural alemán, que hay muchos y mejores. El Muro no lo querría ni para usarlo como decorado del sótano de la mansión de la familia Monster, ese donde el Abuelo, un Conde Drácula de gerátrico, hacía sus experimentos del estilo del Profesor Bacterio.
Durante los 28 años de existencia del Muro, algunos políticos de ambas Alemanias intentaron suavizar las duras condiciones de vida de los berlineses que ya no podían ir libremente de un lado a otro, con miles de familias atrapadas en un sitio o en otro y que no se podían ver, casi ni siquiera hablar por teléfono. Willi Brandt, durante muchos años alcalde de Berlín Oeste y luego Canciller de la RFA hasta su dimisión en 1974, fue de los que más luchó en ese sentido, aunque también quería hacer caer el Muro. Y la RDA sólo quería dejar pasar a jubilados a Berlín Oeste, con la condición de que los que huyeron de la RDA volvieran a ella. La RFA se negó a pasar por eso.
Todos recordamos la visita de Kennedy a Berlín Oeste en 1963, en su famosa gira europea, pronunciando su famoso discurso ante el Ayuntamiento, y la frase “Ich bin ein berliner” (Soy un berlinés), que se convirtió en símbolo de la época, en un momento que el propio Kennedy también luchaba por modernizar su propio país, que aunque era una democracia, también tenía sus propios dictadores, los cuales acabaron asesinándolo unos meses después.
El Muro también formaba parte de las alambradas del resto de países del Pacto de Varsovia, y así formaba el tristemente famoso “Telón de Acero”, del cual mejor no hablar, pues el mismo Muro, de menor extensión, ya te da la misma claustrofobia. Los políticos son incapaces de comprender que sus ideas no son las únicas que deben funcionar en el mundo, y los que llegan a maltratar a sus ciudadanos con ellas, no se merecen gobernar. La izquierda aprendió la lección y puede gobernar sin caer en estas aberraciones, igual que la derecha cuando se dejó seducir por el totalitarismo, léase Franco, Hitler o el Mariscal Pétain.
Por ello, cuando la caída del Muro, ya dejaban los guardianes de la RDA que se fuera la gente, pues aquello ya caía de puro viejo, más antiguo que las canciones de Camilo Sesto, y ni ellos mismos creían ya en aquel sistema anticuado. Como el Movimiento 15-M, la gente que se iba al Oeste no era fascista, era gente normal, nada extremista, simplemente no le gustaba lo que le ofrecían en esos países y se iba.
Los únicos recuerdos actuales del Muro son zonas donde se ha dejado como recuerdo histórico, para que no se olvide, junto con algunas torres de vigía, y zonas que hay unos adoquines en el suelo que atraviesan avenidas, parques y calles. Que no se vuelva a repetir.


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