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jueves, 9 de octubre de 2014

PEDRO SÁNCHEZ NO ES EL ÚNICO POLÍTICO QUE LE GUSTAN LAS CÁMARAS



No juzgaremos aquí exactamente si Pedro Sánchez, flamante (y atractivo sobre todo, según las mujeres) nuevo Secretario General del PSOE hizo bien o no llamando en directo al teléfono móvil de Jorge Javier Vázquez en “Sálvame” y salir al día siguiente en “El hormiguero” sometiéndose a las mismas pruebas y gracietas que cualquier famoso invitado, fuese Will Smith o Los Del Río, estuvo acertado o no. Cada partido sabe lo que le conviene para conectar con el electorado.
Lo que pasa es que cuando un partido se ha formado cierta fama o ciertos gustos culturales, el salir en un programa de cotilleos es un error, pues allí, el votante más culto que encontrará es una señora de pueblo que cree que Aristóteles es el portero de la selección griega de fútbol. Allá él si cree que ahí habrá un sitio seguro de votantes.
Antes, su partido buscaba votos en apoyar a estamentos culturales, y no me refiero sólo a recibir famosos actores apoyando al político de turno, como la “zeja” de Zapatero, lo cual no gustó nada a la derecha, la cual apenas tiene a José Luis Garci, el cual, inteligentemente, no quiere dejarse manejar demasiado por los políticos.
Pero Pedro Sánchez no ha sido el primer político tentado por salir en un espectáculo “popular” para chupar cámara, eso le gusta a todos los políticos, lo que les dé votos a corto plazo, desde que el mundo es mundo. Rajoy ya le “precedió” asistiendo al preestreno de una de las entregas de “Torrente”, películas alejadas del gusto de los dirigentes del PP pero que gustan mucho entre muchos de sus militantes.
Eso sí, ha habido casos de políticos apareciendo como actores en películas o series, y sé que me podría referir a Alberto Ruíz Gallardón apareciendo en dos escenas de “Holmes & Watson, Madrid Days” de José Luis Garci, interpretando a su tío abuelo Isaac Albéniz, lo cual dio mucho que hablar, aunque afortunadamente las escenas estorbaban poco a la no obstante poco valorada última película del cineasta madrileño.
Pero los políticos sí pierden la cabeza, cinematográficamente hablando, cuando quieren apoyar el rodaje o el estreno de una película cuando creen que les puede favorecer políticamente, o que difunda valores parecidos a los que defienden en sus mítines, o cuando saben que tal o cual cineasta o actor es muy querido en su ciudad.
Estos tres ejemplos los vimos entre los años 2007 y 2008 con el rodaje y estreno de dos películas, “Vicky Cristina Barcelona” de Woody Allen y “Sangre de Mayo” del propio Garci. Ambas apoyadas fuertemente por políticos de muy distinto signo, la primera por el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat de Catalunya, cuando en ambos estaba el PSC, y la segunda por la Comunidad de Madrid del PP, cuando estaba Esperanza Aguirre.
Cuando el Ayuntamiento barcelonés de Jordi Hereu propuso en 2006 a Woody Allen rodar una película en Barcelona, mientras el maestro neoyorkino rodaba sus películas en Europa al encontrar aquí más libertad artística que en su país, éste aceptó. Allen conocía la ferviente admiración que la capital catalana le tiene, ya que sus personajes, aunque muy de Nueva York, tenían mucho en común con el barcelonés medio, sobre todo los intelectuales.
Antes de empezar el rodaje, se desataba la polémica, con las subvenciones de más de una Conselleria de la Generalitat, no sólo la de Cultura, sino también la de Turisme, y la del propio Ayuntamiento. Cuando la presentación del rodaje, Allen tuvo que soportar agasajos, discursos de agradecimiento y muchos políticos del PSC haciéndose la foto con él, viéndosele agobiado y pasando de todo, además de soportar el calor húmedo barcelonés, que él, tan aprensivo, aguantaba como podía con su gorro de pescador que se hizo famoso. Pese a todo ello, los barceloneses aceptaron todo esto, tal era su ilusión en salir en una película de Allen ligando con chicas a base de llevarlas al cine a ver ciclos de Bergman o de Fellini (nada de cine romántico de Hollywood, por supuesto, algo que Allen detesta).
Cuando el rodaje, también hubo polémica al haberse de cortar algunas calles barcelonesas durante horas, con el cabreo de algunos vecinos que no podían llegar a sus casas, y aglomeraciones de curiosos en cada zona de rodaje. Pero igualmente se aceptaba, era Woody Allen, un dios para los barceloneses y en el fondo igual que ellos.
Al estrenarse por fin “Vicky Cristina Barcelona”, hubo una cierta decepción, ya que se reconocían muchas localizaciones de Barcelona, la ciudad lucía preciosa, pero apenas se reconocía la idiosincrasia catalana. Javier Bardem y Penélope Cruz resultaban tan barceloneses como lo sería Dennis Hopper.
Lo mejor de la película, la visión de la naturaleza humana que Allen sabe mostrar como nadie, si nos olvidábamos de la Barcelona con música de Paco De Lucía, donde no se oye una palabra de catalán y que además la única música catalana de la banda sonora, “El noi de sa mare”, se escuchaba en las escenas rodadas en Oviedo, que también salía muy bella, donde Allen recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, justísimo, por cierto.
Los partidos de derecha de Barcelona no estuvieron nunca a favor de contratar a Allen, ya que ellos preferirían a Spielberg, sabiendo que a ellos les gustan más las películas “para toda la familia”, mientras que Allen les debe de parecer un degenerado, pero al final aceptaron y se apuntaron al carro de ir todos a ver la película en el estreno.
“Vicky Cristina Barcelona”, a pesar de todo lo anterior, fue un éxito y el dinero de las subvenciones se recuperó completamente. Todo lo contrario pasó con otra película rodada y estrenada también en 2007 y 2008. Era “Sangre de Mayo” de José Luis Garci, que recibió el encargo de mostrar los hechos del Dos de Mayo de 1808, ya conocidos. Esperanza Aguirre, amiga personal de Garci, le presentaba como el director adecuado “…Por que ganó el Óscar”, diciendo esto como si tener la estatuilla ya te convirtiera en el mejor director del mundo y de todos los tiempos.
Si relatáramos aquí todos los detalles del presupuesto, rodaje, estreno y recaudación, necesitaríamos muchísimas páginas, pero les diremos que la Comunidad de Madrid dio 15 millones de euros de subvención, el 100 % del presupuesto (sí, han leído bien, cuando la película de Woody Allen no recibió ni un millón), que se gastaron casi todo en decorados de la época, unos 50 (impecable trabajo de Gil Parrondo como Director Artístico), vestuario y ambientación. Pero la película fue un fracaso comercial absoluto, ya que sólo recaudó 700.000 euros, un 5 % del presupuesto, y tuvo malas críticas, mostrando que a Garci le venía grande una película así, cuando a él se le dan mejor las historias intimistas, con pocos personajes y un ritmo pausado.
Aun así, Aguirre quiso utilizar la película en provecho personal, como si fuera la defensora de un artista incomprendido (Garci, por supuesto), y resultó patética su sermón al Embajador de Francia en el estreno, diciéndole: “Ustedes [los franceses] deben de enterarse de una vez de que su Historia está llena de luces y sombras”. El Embajador, muy diplomático, por supuesto, dijo que le gustó la película y que apoyaría su estreno en Francia, cosa que al final no ocurrió.
Mientras la derecha se rasgaba las vestiduras con las subvenciones a la película de Allen, nadie del PP dijo ni pío cuando los 15 millones para la de Garci. Creerían que saldría una obra de arte, que Garci volvería a ser el número uno y que Almodóvar sería olvidado.
Mientras, Woody Allen recibió ofertas de Paris y Roma para dos nuevas películas, y allí ya cuidó más el retrato de ambas. Por cierto, viendo la segunda, “A Roma con amor”, si nos acordamos de la escena ambientada en la Capilla Sixtina vaticana, donde aparece Penélope Cruz encarnando a una desinhibida prostituta, cuando alguien contaba cómo Miguel Ángel había pintado la capilla (“Miguel Ángel hizo aquí un trabajo duro, tuvo que pintar el techo tumbado de espaldas. ¿Os imagináis a alguien trabajando tumbado de espaldas?”), ella sin inmutarse contestó: “Yo sí”. Todo un chiste sexual, sutil e inteligente a costa del Vaticano. Yo siempre pensé que qué cara hubiera puesto Ana Botella si le hubiera encargado a Allen una película ambientada en Madrid, y la escena en que saliera la Catedral de La Almudena fuera así…
Es verdad que lo que hizo Pedro Sánchez ha sido mucho peor, que los políticos del PSC sólo hicieron realidad lo que toda Barcelona soñaba, ver a Woody Allen rodando en su ciudad, pero cuando políticos que además no tienen ni idea de cómo gestionar la Cultura la gestionan, dan ganas de decirlos que se vayan a su casa, que los artistas ya la gestionaremos. Y mejor.
Un consejo para Pedro Sánchez: Pablo Iglesias tiene suficiente para transmitir su mensaje con salir en programas como "La Sexta Noche", o en las tertulias de La Tuerka TV. Si uno no tiene gracia, no salga en programas cómicos. Son más creíbles en reuniones de poesía. 


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